domingo, 14 de diciembre de 2008

La música

Esta semana cambiamos de registro y trabajamos al ritmo de la salsa del músico, cantante y compositor panameño Rubén Blades. Muchos críticos y amantes del género afirman que Blades marcó un antes y un después en el desarrollo de la salsa, ya que mientras ésta pasaba de ser una música popular a convertirse en un estilo habitual de los salones, el cantante volvía con sus letras al mundo de la calle, además de compromoterse con temas sociales y defender la identidad latinoamericana.

Ejemplo de esto último es su canción Plástico, que podemos escuchar a continuación:

domingo, 7 de diciembre de 2008

La Galería

e Paula, Natalia y María vistas por Inés
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Cara de Eneko .
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Caracol de Tomás
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Árbol de Carmen
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Arcoiris de formas de Mikel
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Mujer en el agua de Inés
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Detalle de obra en proceso de Jordi
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Otros detalle de la misma obra de Jordi
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Detalle de obra en proceso de Miki
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Otro detalle de la misma obra en proceso

La Galería. Deseos

Esta semana trabajamos, en relación con la pintura rupestre y los rituales mágicos, el tema del deseo. Cada tallerista pintó algo que quisiera mucho, con la única condición de que se tratara de un deseo que no se pudiera comprar. Hubo quien se decantó por los símbolos y quien fue más directo. Todos, muy intensos.
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El delfín. Carmen
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El pintor. José Gabriel
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El policía. Leo
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El paseo por la selva a lomos de un animal. Marina
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El árbol de cuentos. Marina
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El ninja. Mikel
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El portero. Mikel
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El cazador. Samuel
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Nadar en las profundidades del mar. Tomás
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Disfrutar de la luz y los colores. Tomás
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El árbol de escribir. Verónica

El cuento

Deseo

Mis ojos por fin se han acostumbrado a la oscuridad. A pesar de la piedra de luz que llevo bien sujeta en mi mano, he tenido que esperar un poco, exactamente como me dijo mi madre, hasta que las sombras empezaron a cobrar forma y los objetos se dibujaron nuevamente ante mí. De todos modos, aprieto fuerte la piedra untada de grasa de jabalí, en la que llevo una débil llamita danzarina, mientras me adentro en la caverna.
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Hoy es mi día especial. Todas las niñas y los niños del grupo lo tenemos cuando nuestros cuerpos empiezan a cambiar, cuando dejamos de dormir enroscados en el abrazo tibio de nuestras madres y hermanos más pequeños y tenemos que empezar a buscar un sitio entre los otros, los mayores. Entonces la hechicera nos llama aparte y nos susurra al oído nuestra misión. Lo hizo ya con mis hermanos mayores, con mi madre, con la madre de mi madre y así quién sabe desde cuándo, tal vez desde el principio de los tiempos.

La hechicera es una mujer muy vieja, con todo su cuerpo pellejudo lleno de dibujos extraños y una risa sin dientes que da un poco de susto. Pero es muy sabia, la mujer más sabia del universo. Yo pude ver muchas veces como mandó a otros miembros del grupo a deslizarse por las tripas de las cuevas, adentro, hondo, hondo. Algunos parecen entrar decididos, mientras que otros miden sus pasos y van despacito, como, me he fijado mucho, los cazadores cuando acechan a sus presas; pero también he observado que todos se aferran a la piedra de luz como a un amuleto poderoso contra el miedo.

Yo hago lo mismo. Siento los tambores que suenan afuera tum-tum, cada vez más lejanos. Mi corazón los acompaña: tum-tum, tum-tum. De repente, me tropiezo con una piedra. Me he hecho una herida pequeña en la rodilla, sangra algo. No importa, tengo que seguir, así que continúo andando con cuidado, tanteando el terreno poco a poco. Al final me cierra el paso una gran superficie de roca. Pienso que debe ser ya la pared de los deseos. La ilumino mejor con la lámpara de piedra y me lleno de asombro. Esa pared rocosa guarda los deseos más íntimos de todos los miembros del grupo, de todos los que alcanzan la edad de hacerse mayores. Ahí veo dibujos de caza, de pesca, de frutos, de animales, de mujeres, de hombres, de estrellas y soles. Cada trazo guarda un significado especial, sólo conocido por su autor y por la hechicera.

Ahora me toca a mí. Cierro los ojos y me detengo un momento a pensar, a sentir, como me aconsejó mi madre. Siento como mi deseo se mueve dentro de mí, como baila dentro de mi barriga y me recorre el cuerpo dándome calor. Por si acaso, abro un ojo para verificar que la grasa no se haya consumido, que aún me queda tiempo. Debe ser que ya estoy lista, porque mi deseo está gritándome que quiere salir enseguida. Tum-tum, tum-tum, siguen sonando lejísimos los tambores.
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Yo quiero ser una cazadora. Es un deseo complicado, porque los que cazan en el grupo son los chicos. Pero la hechicera me ha susurrado al oído que yo tengo una misión especial, que mi camino es alimentar y cuidar a los míos, así que no tengo miedo. Veo los dibujos hechos antes. Están pintados con los colores de la tierra, de los minerales, de las plantas con que nos alimentamos. Hace tiempo ya que la hechicera encontró la manera de apoderarse de los colores de la naturaleza. Pero yo quiero que mi dibujo sea único, como mi deseo. Y de repente, me escuece y me acuerdo. Me unto los dedos con la sangre que sale de mi rodilla herida y con ellos pintó una bella cazadora, roja y brillante, que resalta entre las demás figuras de la caverna. Me detengo un momento a mirarla. Es potente y hermosa, así me siento yo ahora con el poder que da querer algo con mucha fuerza. Luego salgo, justo cuando ya no queda casi grasa en la piedra de luz, y voy a abrazar a la hechicera, en medio del baile y del festejo. La vieja me sonríe, lo mismo que mi madre y mis hermanos, que todo el grupo. Yo cojo un arco y una flecha y voy a por mi deseo.mmmmmmmmmmmmmmmm


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Pintura al temple

La receta que utilizamos para hacer pintura es muy sencilla. Se necesitan pigmentos de colores en polvo, huevos, agua, mortero, recipientes varios, tenedor y pinceles.

Se colocan los pigmentos en el mortero para machacarlos lo más posible; luego se echa el polvillo en un recipiente cualquiera (un vaso de yogur, por ejemplo). En otro se mezcla la yema de un huevo con dos cucharadas de agua y se bate bien, como para hacer tortilla (si queremos que la pintura sea más duradera, es mejor quitarle a la yema la membrana que la recubre). Se echa la mezcla de la yema y el agua al recipiente con los pigmentos y se revuelve con un pincel hasta conseguir una pintura de textura suave y uniforme.

Pintura rupestre. Más detalles con rojo, amarillo y negro

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La música



Esta semana trabajamos acompañados de la bellísima voz de la cantante sudafricana Miriam Makeba, símbolo de la lucha contra el apartheid en su país, quien murió recientemente cuando estaba cantando en Italia, en un concierto contra el racismo. Todos disfrutamos de una selección muy variada de sus canciones, en las que escuchamos desde música tradicional africana hasta interpretaciones de soul, gospel y jazz. Por supuesto, no faltó su célebre Pata Pata, que Marina y Tomás también cantaron.