lunes, 29 de junio de 2009

Pintura en acción. Segunda parte.

Volvemos a la pintura en acción, por deseo expreso de Nuria, Patricia y Mikel. A continuación, sus obras. Sus obras y, por supuesto, su acción:


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Cómic

Este es un adelanto del cómic de Jordi, aún sin título. Todavía continúa trabajando en él. Si queréis verlo con más detalle, pinchad en cada página. Promete.
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La Galería. Taller libre

Como despedida a los talleres del curso 2008-2009 (en julio empezamos con los talleres de verano), dejamos que los talleristas se sirvieran y trabajaran lo que más les apeteciera de todas las propuestas que les habíamos hecho a lo largo de estos meses. El tema era libre y la técnica también. Como veréis, hubo un poco de todo:
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Carboncillo y pasteles
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Africanos, de Marina
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La muda, de Ainara
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El mar, de Chiara
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La espada, de Tomás
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Construcción

Juguetes: las armas de Eneko txiki

Carpetas

La carpeta de Ander
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La nueva carpeta de Mikel

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Varios
El futbolista, de Eneko y Mikel
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El cartel, de Ainara

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Pintar la música

Nuria trabajando...
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... y trabjando más todavía
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Obra sin título de Nuria
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Arte pop - collages

Darth Vader, de Leo
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Princesa en el bosque, de Chiara
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Portada del cuento Las serpientes, de Tomás
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Parte del contenido...
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Y la contra

Taller nocturno

El carboncillo y los pasteles siguen siendo los dueños indiscutibles de las sesiones nocturnas de la Luciérnaga. Y parece que va para largo...
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obra de Pedro
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Elefante, de Verónica
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Obra de Malú

Animal de Eneko

obra inacabada de Alicia


Pájaros de Alicia

Cadáver exquisito

El tema esta vez fue el bosque. Los talleristas y algún padre jugaron al viejo divertimento de los surrealistas: construir un poema colectivo escribiendo una línea de la que el siguiente compañero sólo podía ver la última palabra para continuar a partir de allí. Esto es lo que salió:

El bosque

El bosque verde, fresco.
Árboles, flores bonitas y
bichos raros, árboles y flores e insectos.
Árboles que hablan con el viento.
Hojas que tienen árboles bonitos y de muchos tipos.

La música

Jazz latino del mejor. Esa fue la música que nos acompañó el último taller.

El CD El arte del sabor reune a tres gigantes de la música cubana, Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro, conocido universalmente como Bebo Valdés, jazzista, compositor, arreglista y director, pero sobre todo, pianista sublime; Israel López, más recordado como Cachao, una leyenda de la música cubana por su magistral manejo del contrabajo y sus improvisaciones en directo; y Carlos Valdés, Patato, percusionista inolvidable, de enorme potencia y sentido musical. Por si hacía falta más talento, reclutaron como colaborador al saxofonista y clarinetista Paquito D'Rivera. Aquí los tenéis:

domingo, 21 de junio de 2009

¿Se puede pintar la música?

En este último taller decidimos experimentar con la música y las sensaciones que nos produce. Hicimos varios ejercicios: primero cerramos los ojos para percibirla mejor, para vislumbrar qué imágenes y emociones nos hacía evocar; luego la sentimos con todo el cuerpo, jugamos, bailamos y, sobre todo, nos reímos mucho con ella; después, la pintamos, pusimos colores a las notas, marcamos su intensidad, su ligereza, su profundidad, su liviandad, su alegría, su tristeza; finalmente, ¡la pintamos bailando! Tras la experiencia, confimamos la hipótesis inicial de los talleristas, que respondieron desde el primer momento a la pregunta de si se podía pintar la música con un rotundo y unánime ¡SÍIIII!


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La Galería. La música y los músicos

Después de sentir y pintar la música, les propusimos a los talleristas que dibujaran un músico tocando su instrumento favorito. Todos lo tuvieron envidiablemente claro. Con todos vosotros, la orquesta de la Luciérnaga:
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La pianista, de Ainara (témperas)
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La flautista, de Chiara (témperas)

¿El violinista?, de Eneko (témperas)
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El violinista, de Eneko-txiki (ceras)
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El vilonchelista, de Jose (témperas y ceras)
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Mozart dirigiendo, de Marina (pasteles)
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El flautista, de Leo (ceras)
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El flautista, de Mikel (ceras)
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El guitarrista, de Mikel (ceras)
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La guitarra, de Mónica (pasteles)
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La música, de Tomás

Dibujos libres

Animados por El baile, los talleristas se lanzaron a crear cuentos y más cuentos. Aquí tenéis la carátula de una de las historias que prepara Eneko txiki, El águila peligrosa, y los personajes de los cuatros relatos de aventuras que hizo Leo.
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El cuento


El baile
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El salón de baile era blanco y enorme. Como suele ocurrir al principio de las fiestas, la música sonaba alegre y estruendosa, pero nadie se atrevía a romper el hielo y saltar a la pista a dar los primeros pasos. Por los rincones, los invitados hablaban en susurros o se dedicaban a tararear la música bajito.
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Pero, como suele ocurrir también, siempre hay un atrevido que se lanza y abre el baile. El rojo estaba que ardía. Tenía unas ganas de bailar enormes, ya casi no podía sujetar sus pies. Sin embargo, quería hacerlo acompañado. Le echaba miraditas al tímido azul que estaba sentado solitario en una esquina, moviéndose suavemente con los ojos entrecerrados para sentir mejor la música. Finalmente no se pudo resistir más y se levantó de golpe. Atravesó la estancia decidido y sacó a bailar el azul, que casi se puso rojo también, por la timidez y la vergüenza, pero que se dejó hechizar por el fuego y la pasión de su compañero. Se pusieron a bailar. Por cierto, lo hacían muy bien. Todos sus movimientos estaban acompasados, formaban una pareja de baile bastante compenetrada. Tan compenetrada, que en medio de una vuelta se volvieron uno: ya no eran más rojo y azul eran… morado. Una vez que acabaron la primera pieza, todo el mundo los aplaudió y ahí sí que empezó la fiesta.

En medio de la jarana estaba el amarillo. Era un bailarían muy singular. A diferencia del morado, que hacía suaves ondulaciones y pasos sofisticados, iba muy a su bola, sin hacer demasiado caso de la música. Hacía salpicaduras por aquí y por allá, un pie para un lado, una brazo para otro, parecía que se iba a descoyuntar en cualquier momento. Para colmo, se andaba tropezando con los otros bailarines y en vez de pedirles disculpas, se moría de risa. En una de esas se chocó con el morado, que continuaba bailando embobado, como si no existiera nadie más a su alrededor. Como resultado, el rojo y el azul salieron disparados cada uno por su lado. Antes de que el rojo, furioso, pudiera decir nada, se vio salpicado por el amarillo y ya no era más rojo, sino naranja. Para colmo, uno de los pies del saltimbanqui amarillo fue a parar sobre el perplejo azul, que se volvió verde. El baile se complicaba: un azul con pinceladas verdes por un lado, un rojo con pintitas naranjas por otro, y el amarillo, que continuaba girando como un trompo.
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Mucho más allá, en la otra esquina del salón, un negro y un blanco bailaban un tango. Al acabar la música, el blanco se lanzó sobre los brazos del negro, y se transformó en un gris oscuro, satisfecho y profundamente feliz. “Las mezclas siempre son bellas”, dijo para quien quisiera oírlo. .
La fiesta llegaba a su apogeo. Los bailarines estaban cada vez más enredados y felices, incluso el rojo decidió abandonarse y mezclarse con todo el mundo. A veces lo hacía con el blanco y se volvía rosa y a veces con el negro y se trasmutaba en marrón. Mientras, todos los demás invitados hacían lo mismo. “En las fiestas lo mejor es dejarse de prejuicios e integrarse, como en la vida”, continuaba diciendo por ahí para quien quisiera oírlo el filósofo gris.
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Así, la música continuó sonando toda la noche. Los colores inundaban el blanco salón, llenándolo todo con sus giros, sus meneos, sus piruetas. Cuando finalmente acabó la fiesta, el pintor miró satisfecho su lienzo salpicado de colores antes de irse a dormir (sí, le gustaba trabajar de noche y dormir de día), a soñar en colores.
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lunes, 15 de junio de 2009

Visitamos un bosque

El sábado 6 de junio fuimos a visitar un bosque en la sala de exposiciones de la Fundación Canal. Se trataba de la muestra El bosque de las esculturas, formada por esculturas verticales, parte de la colección de Simon Spierer, un hombre que no podía concebir la vida sin el arte. Como dice el folleto de la Fundación, "El bosque de las esculturas es la representación física de un sueño. El de un hombre que comenzó a coleccionar arte tímidamente con sus primeros salarios de juventud y que llegó a formar una colección extraordinariament peculiar...". Spierer quiso compartir su pasión con los demás. Nosotros tuvimos la suerte de hacerlo.
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Y durante la visita, no sólo elegimos nuestras obras favoritas (y las dibujamos), sino que les pusimos nombre a las obras, tanto si ya los tenían como si no. Nos salieron nombres divertidos, poéticos, imaginativos.
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Este fue sólo uno de los muchos títulos que
se nos ocurrieron para la escultura
sin nombre de Laurent de Pury
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Lo mismo ocurre en el caso de
De cara al viento de Baltasar Lobo


Así bautizamos a

Superficie infinita en forma de columna de Max Bill

Este es uno de los nombres que le dimos a
El unicornio de Daniel Spoerri
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Estos son otros de los nombres que se nos ocurrieron para
las esculturas que nos encontramos
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Y otros más
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Y a continuación, nuestras versiones dibujadas de las esculturas-árbol, por si no podéis asistir a la visita (lo que os recomendamos muchísimo)
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